Construir vínculos, construir caminos

Hablemos de relaciones

Todos necesitamos de otros. Estamos hechos de vínculos.

De las personas que nos enseñaron a querer, de quienes nos acompañaron en momentos difíciles e incluso de aquellos vínculos que nos hicieron daño. Somos seres sociales y, de una u otra manera, necesitamos sentirnos escuchados, acompañados y comprendidos.

Desde el momento de  nacer, construimos vínculos que influyen en la manera en que aprendemos a expresar lo que sentimos, a confiar y también en la forma en que estructuramos nuestra propia relación con nosotros mismos.

Tenemos relaciones que nos aportan calma y otras que nos confrontan. Algunas nos hacen sentir vistos, escuchados y valorados; mientras que otras nos llevan a preguntarnos por qué repetimos ciertos comportamientos, por qué nos cuesta tanto poner límites o por qué, a veces, terminamos olvidándonos de nuestro propio cuidado por atender o asistir a alguien más.

Y resulta que relacionarnos con otros no siempre es fácil.

Queremos ser comprendidos, pero nos cuesta escuchar. Queremos sentirnos respetados, pero nos cuesta establecer límites. Pedimos comunicación, pero evitamos conversaciones incómodas. Queremos relaciones tranquilas, pero en algunos momentos reaccionamos desde nuestras emociones, nuestros automatismos o la necesidad de tener el control.

Por eso, construir vínculos conscientes implica mucho más que estar cerca de alguien; implica poder reconocer lo que sentimos o necesitamos, expresarlo con claridad y respetar las necesidades y los límites del otro. Es aprender a estar presentes en la relación, sin dejar de estar presentes con nosotros mismos.

Y seguramente uno de los primeros pasos sea aprender a escucharnos.

Difícilmente podemos construir relaciones saludables si desconocemos lo que ocurre dentro de nosotros. Reconocer nuestras emociones, identificar nuestras deficiencias  y comprender nuestros vacíos, nos permite relacionarnos de una manera diferente.

No se trata de encerrarnos en nuestro propio mundo, sino de poder encontrarnos con los demás desde un lugar más encantador.

A veces acumulamos pequeñas molestias, guardamos palabras, esperamos que la otra persona las descubra y, cuando finalmente hablamos, ya no lo hacemos desde la calma, sino desde todo aquello que veníamos cargando.

Por eso, un vínculo consciente también necesita palabras.

Necesita conversaciones sinceras. Necesita poder decir “esto me dolió”, “necesito que me escuches” o simplemente “desconozco qué me pasa, pero necesito hablar”.

Hablar de lo que sentimos puede hacernos sentir vulnerables. Y por eso,  muchas veces preferimos guardar silencio, alejarnos o reaccionar. Pero mostrarnos con honestidad, también puede ser una forma de acercarnos.

Claro está que hablar no garantiza que el otro responda como esperamos, y es aquí cuando aparece otra parte importante de construir vínculos: aprender que querer a alguien no significa tener que aceptarlo todo.

Poner límites no significa dejar de querer; significa reconocer lo que necesitamos para sentirnos seguros y respetados dentro de una relación. También significa aprender a respetar los límites del otro, entendiendo que no siempre alguien estará disponible para nosotros, ni que tampoco podrá con frecuencia darnos aquello que necesitamos.

Los vínculos conscientes necesitan espacio para que ambas personas puedan existir.

Aceptar esto puede ser difícil, pero también puede liberarnos de la necesidad de controlar cada aspecto de una relación, porque no podemos controlar al otro. Podemos elegir nuestras propias decisiones, nuestras palabras, nuestras respuestas y el lugar que queremos ocupar dentro de una relación.

Y, por supuesto, existe la tendencia a equivocarnos.

Construir vínculos conscientes no significa convertirnos en personas que nunca se equivocan. Significa aprender qué hacemos cuando nos damos cuenta de que nos equivocamos.

Hay algo profundamente humano en poder decir “me equivoqué”, reconociendo que nuestras acciones tuvieron un impacto en alguien. En pedir perdón sin convertir la disculpa en una explicación interminable; en intentar hacer algo diferente la próxima vez.

Generalmente podemos reparar. Otras veces necesitamos tiempo. También existen momentos en los que debemos aceptar que un vínculo cambió y que posiblemente ya no puede ser como antes.

Eso también forma parte de vincularnos de manera  consciente: entender que no todos los vínculos están destinados a permanecer de la misma manera.

Algunos nos acompañan durante toda la vida. Otros cambian. Algunos necesitan límites. Otros necesitan distancia. Y hay vínculos que, aunque hayan terminado, siguen teniendo vigencia pedagógica en nosotros mismos.

Construir vínculos conscientes es un proceso. Es aprender paso a paso a relacionarnos desde un lugar diferente. Es dejar de reaccionar automáticamente y comenzar a elegir. Es reconocer nuestras heridas sin permitir que ellas decidan siempre por nosotros. Es aprender a cuidar al otro sin abandonarnos.

Quizás construir vínculos conscientes no consiste en encontrar personas que nunca nos hagan daño, que siempre nos entiendan o que nunca nos decepcionen. Consiste en aprender a relacionarnos de una manera en la que podamos querer sin perdernos, acompañar sin controlar, poner límites sin alejarnos y reconocer nuestros errores sin sentir que por eso perdemos valor.

Porque cada vínculo también puede ser un lugar para crecer.

Y revisar la forma en que nos vinculamos también es una manera de conocernos. A veces descubrimos que reaccionamos desde heridas antiguas, que repetimos formas de relacionarnos que aprendimos hace mucho tiempo, o tal vez nos cuesta pedir aquello que necesitamos.

No siempre tenemos que hacer este camino solos. Contar con un espacio de acompañamiento psicológico puede ayudarnos a comprender estos patrones, escuchar lo que hay detrás de nuestras formas de relacionarnos y encontrar nuevas maneras de construir vínculos más sanos y productivos.

Quizás el primer paso sea simplemente detenernos y preguntarnos:

¿Qué puedo hacer yo para construir vínculos más conscientes, más honestos y más humanos?

A veces, comenzar a relacionarnos de una manera diferente también es una forma de comenzar a mirarnos y reestructurarnos de una forma más consciente..

En Yerbabuena SAT – Gestión Emocional creemos que transformar nuestros vínculos también es una oportunidad para transformarnos. Un espacio para detenernos, escucharnos y comprender las historias, emociones y patrones que llevamos a nuestras relaciones.

Porque vincularnos conscientemente también es aprender a cuidarnos, poner límites, escuchar y elegir de qué manera queremos estar con los demás.

A veces, construir nuevos caminos con otros comienza por volver a encontrarnos con nosotros mismos.

Sentir. Comprender. Vincular. Trascender.

¡ Hablemos !

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